Soberanía

Autoconsumo

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  • El 19/02/2018

El siguiente artículo aparece en el Anexo del Plan Director de Innoación Social para el Empleo del programa Sevilla Ciudad con Inteligencia Social y Emocional del Ayuntamiento de Sevilla, al que se puede acceder a través del siguiente enlace (pincha aquí).

El autoconsumo es la capacidad que tiene el consumidor de producir una parte o la totalidad de la electricidad que precisa para cubrir sus propias necesidades. Se empieza a denominar a ese nuevo agente como prosumidor.

El autoconsumo implica un cambio radical en nuestra cultura de generación y consumo eléctrico. Se trata de transitar de un modelo centralizado en manos de un oligopolio a un modelo energético distribuido y conformado por una multiplicidad de plantas de generación ligadas al consumo. Las energías renovables a pequeña escala como la minieólica o la minihidráulica son adecuadas para el autoconsumo pero la fotovoltaica  y su capacidad modular al instalarse sobre el tejado es especialmente apropiada para este objetivo. Existen varias modalidades de autoconsumo:

  • Aislado: Instalaciones sin conexión a la red eléctrica que utilizan batería para suplir las necesidades de energía cuando no exista recurso renovable.
  • Instantánea o parcial: Regulado en el Real Decreto 1699/2011. Abastece de la electricidad que se consume en el momento y permite vender a precio mayorista el excedente o instalar un inversor que impida inyectar el excedente a la red. El primer caso implica costosas obligaciones legales y fiscales y el segundo es una opción claramente ineficiente. Sólo es viable en casos con un alto consumo eléctrico durante el día, como comercios, restaurantes o gran industria por lo que su impacto en el modelo económico es muy escaso.
  • Autoconsumo con Balance Neto: Esta modalidad permite al usuario utilizar la red eléctrica como una gran batería, es decir: se hace un balance final entre la energía volcada a la red de forma excedentaria y la consumida fuera de  las horas de producción (por la noche en caso de fotovoltaica, por ejemplo). De esta manera, el prosumidor puede ahorrar en factura de la luz entre un 70 y un 80%. El Gobierno lleva meses posponiendo la publicación del Real Decreto que permita esta modalidad de producción.

El autoconsumo es un pilar imprescindible, junto con la eficiencia y el ahorro, de la soberanía energética y permitiría a gran parte de la ciudadanía establecer mecanismos de producción y consumo independientes de las compañías eléctricas. Sin mencionar los impactos positivos para el medioambiente al reducir de forma drástica las emisiones de CO2 derivadas de la generación de energía con combustibles fósiles.

La soberanía energética es un término polémico que más que una definición se debe asociar al debate sobre dónde y quién ostenta el control de los recursos energéticos, con qué intención y, sobre todo, qué papel tiene la ciudadanía (repercusión en su vida diaria y capacidad de participación en los procesos de decisión energética).

Así, inspirada en la definición de soberanía alimentaria según la Vía Campesina la soberanía energética  podría definirse como el derecho de los individuos conscientes, las comunidades y los pueblos a tomar sus propias decisiones respecto a la generación , distribución y consumo de energía, de modo que estas sean apropiadas a las circunstancias ecológicas, sociales, económicas y culturales, siempre y cuando no afecten negativamente a terceros. Cada persona y cada pueblo tiene derecho a la cantidad y tipo de energía necesaria para sostenerse a sí mismo/a y a su grupo, y a los recursos necesarios para mantenerla, siempre y cuando no externalice impactos ambientales, sociales o económicos negativos, es decir, no genere anticooperación.

De la misma manera, mientras que desde la soberanía estatal se hablaría de “independencia” y “seguridad energética” para referirse a la utilización de una cantidad indeterminada de recursos que se consideran necesarios para mantener al máximo la economía doméstica, (satisfaciendo todo tipo de consumo sin atender a su naturaleza), para la soberanía de los pueblos la soberanía energética es que todas las personas tengan derecho al acceso a las energías en condiciones dignas y en cantidad suficiente y equitativa.

Mientras que desde la cultura de expertos se pretendería alfabetizar a la población para que entienda la Energía (entre abstracto, homogéneo y especulable) por medio de una relación vertical jerárquica y unidireccional, desde la soberanía energética en cambio se plantea que la realidad es compleja, multidimensional y asimétrica, y debe comprender los enfoques de todos los agentes afectados.

Por tanto, es necesario desmonopolizar la especialización, generar una “comunidad extendida de iguales” compuesta por todos aquellos que deseen entrar en un dialogo y decidir. Donde sus miembros aporten sus hechos, que incluyan conocimientos imprescindibles para que las energías necesarias para las personas sean satisfechas. Se trata de las energías concretas y diversas frente a la energía mercantilizada y oligopólica. Asimismo, alcanzar la soberanía energética supone que los pueblos puedan decidir sobre las cuestiones energéticas sin interferencias y esclavitudes, como las que representan la persecución de beneficios crecientes y la rendición de cuentas ante accionistas, a las que están sujetas las empresas privadas actualmente, y fruto de la actual mercantilización de la Energía.

Para priorizar el control de los pueblos sobre el bien común energético se debe trascender la disyuntiva entre el sector público y el privado, anclada también en una lógica donde otras visiones ni estatales ni privadas quedan excluidas. Por el contrario, se debe tender a fomentar estructuras y actores económicos que nos liberen de dichas esclavitudes y permitan a la población tomar decisiones libremente y entre iguales, siguiendo el ejemplo de las actuales cooperativas comercializadoras de electricidad.

Pero la soberanía energética (de los pueblos) es la que defiende también la soberanía de todos los pueblos que son. Y en consecuencia, el respeto a la soberanía energética de todos los pueblos implica el ahorro y la racionalización en el uso de los bienes comunes para no interferir negativamente en la soberanía energética de otras comunidades ni de las fituras generaciones, ya sea mediante la generación de problemas ambientales (tales como el cambio climático o la generación de residuos altamente radiactivos) o mediante el acaparamiento de bienes de unos pueblos sobre otros, a veces mediante guerras. Para lo cual se deben relocalizar los procesos de generación y distribución energéticas en un doble sentido: acercándolos a los puntos de utilización y facilitando la participación de las personas en los procesos de tomas de decisiones. La soberanía energética es el camino de empoderamiento social que transforma las estructuras del poder oligopólico y crea nuevas realidades desde abajo, por los de abajo y para los de abajo. En la energía también.

Soberanía energética

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  • El 12/02/2018

El siguiente artículo aparece en el Anexo del Plan Director de Innoación Social para el Empleo del programa Sevilla Ciudad con Inteligencia Social y Emocional del Ayuntamiento de Sevilla, al que se puede acceder a través del siguiente enlace (pincha aquí).

El uso y el acceso a la energía están directamente relacionados con el bienestar de las personas. Una vida digna implica poder calentarse, iluminarse, cocinar, conservar los alimentos, o tener acceso a agua caliente, por lo que la energía constituye una necesidad básica para todos.

A nivel colectivo, el acceso a servicios de energía asequibles y sostenibles es esencial para la autonomía de una comunidad, y es un elemento clave para reducir la pobreza y mejorar la educación, la salud, la sostenibilidad ambiental, la economía, y poder disfrutar de un medio ambiente sano.

Sin embargo, el acceso a los servicios energéticos sigue estando sujeto a las capacidades económicas individuales y colectivas, con lo que existen grandes asimetrías entre países y población rica y países y segmentos  de población empobrecida. Además, el modelo energético más extendido está basado en la producción centralizada de energía y en el consumo de recursos fósiles ( y sujetos a propiedad).

Hasta ahora, las políticas energéticas se han regido fundamentalmente por consideraciones puramente económicas, ignorando que la energía tiene una importante dimensión social. Este hecho está agravando en muchos casos la pobreza de personas y comunidades, aumentando las desigualdades, y teniendo una repercusión directa en la satisfacción de varios derechos. El acceso y el uso sostenible de la energía es un requisito previo para el derecho a una alimentación adecuada (conservación y cocina los alimentos), el derecho a una vivienda digna (condiciones confortables de temperatura e iluminación), el derecho a la salud (condiciones de seguridad ambiental en los hogares y los lugares de trabajo), el derecho al desarrollo (impulso de la economía), el derecho a un medio ambiente sano y los derechos de las generaciones futuras. En este sentido, un modelo basado en fuentes de energía renovables contribuiría a la democratización y a la soberanía energética de las comunidades, ya que fomentan la descentralización de la producción y se sustentan  en recursos que son de libre acceso a cualquier persona.

Mientras que derechos como el acceso al agua han sido ampliamente debatidos y aceptados, el derecho a la energía sigue siendo ignorado, a pesar de que constituye un bien social y estratégico, imprescindible para la emancipación y autonomía de los pueblos.

Frente a la situación de oligopolio y decadencia del modelo energético mundial anteriormente expuesto, aparecen una serie de alternativas que se enmarcan en el concepto de soberanía energética. La soberanía energética reside en la capacidad de una comunidad de gestionar la producción de la energía que consume. En este sentido, la soberanía energética se contrapone de manera inevitable a cualquier modelo de producción centralizado y en manos de pocas personas o empresas y que, en su mayoría, utilizan los combustibles fósiles, caros y poco accesibles para la ciudadanía.

El desarrollo de las renovables ha permitido que estas se conviertan en un elemento que permite que la ciudadanía se convierta en agente activo de producción de energía. Esta es la base de la soberanía energética, que cualquier persona o colectivo pueda convertirse en productor de energía, que conozca su coste y pueda, de esta manera, gestionar su consumo de forma más eficaz y eficiente.

Soberanía tecnológica

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  • El 05/02/2018

El siguiente artículo aparece en el Anexo del Plan Director de Innoación Social para el Empleo del programa Sevilla Ciudad con Inteligencia Social y Emocional del Ayuntamiento de Sevilla, al que se puede acceder a través del siguiente enlace (pincha aquí).

La soberanía tecnológica (o tecnología autogestionada) es una corriente social (tanto ideológica como pragmática) que bebe de otros movimientos alternativos como son el 15M, el decrecimiento, la economía social, la soberanía alimentaria, la soberanía energética; para postular también la necesidad de empoderamiento colectivo en el ámbito de las nuevas tecnologías, resultando claves:

- Una ciudadanía consciente y responsable en su uso y consumo.

- La creación y uso de alternativas autogestionadas en, por ejemplo: las telecomunicaciones, la informática de usuario, el software para pymes, Internet, plataformas móviles y redes sociales.

La soberanía tecnológica trata de tecnologías desarrolladas desde y para la sociedad civil, y las iniciativas que la conforman untentan crear alernativas a las tecnologías comerciales y/o militares. Sus acciones prueban ceñirse a imperativos de responsabilidad social, transparencia e interactividad, por lo que se refuerzan los grados de confianza que se puede depositar en ellas.

Se basan en software, hardware o licencias libres porque los usan o desarrollan (a menudo coincidiendo ambas dinámicas), pero sus características van más allá de esa contribución.

El desarrollo mismo de sus iniciativas fomenta la transformación social a través del empoderamiento de sus participantes. Ya sea gracias a metodologías de desarrollo participativo que unen el "hazlo tú misma" con el "hacedlo juntas", o modelos que apuestan por el cooperativismo, el trueque, el intercambio entre iguales y otras expresiones de economía social.

Software libre y el código abierto (FOSS)

Las dos grandes corporaciones privadas que son referentes en sistemas operativos, el software que gobierna nuestros ordenadores, son:

- Microsoft con Windows

- Apple con Mac OS

Ambas compañías tienen la política de desarrollar y fomentar Software privativo (antagónico al concepto FOSS), que a efectos prácticos para el ciudadano resulta una "caja negra": fuera de todo control y conocimiento. Microsoft, además, ha tenido problemas con la justicia europea por intentos de prácticas monopolistas.

En contraposición, surgió hace décadas un movimiento diferente, el software libre y de código abierto, donde la libertad universal del ciudadano para el uso y modificación del software son clave.

Las dos personas esenciales en el arraigo de este movimiento han sido:

- Richard Stallman, fundador del movimiento por el software libre y el proyecto GNU

- Linus Torvalds, creador del sistema operativo Linux

Hardware libre

- A partir del 2001, el ímpetu por el hardware en dispositivos cuyas especificaciones y diagramas esquemáticos sea de acceso público empieza a ser un movimiento que resulta complementario y revolucionario, sumado al de los sistemas operativos y software libres.

- A esto es a lo que se denomina hardware libre. Hoy día, la plataforma de hardware libre más conocida y destacada en el mundo es Arduino.

- Una infraestructura servidora autónoma puede definirse como aquella compuesta de nodos (servidores) cuya sostenibilidad se basa en voluntarios (remunerados o no) y cuya financiación proviene de una comunidad de usuarios a la que prestan sus servicios.

- Por lo tanto, dicha infraestructura autónoma no depende de las instituciones públicas o corporaciones privadas para su funcionamiento.

- Como pieza destacada para el surgimiento y mantenimiento de este tipo de infraestructuras, debemos destacar el hacktivismo: "Se entiende normalmente como la utilización no violenta de herramientas digitales ilegales o legalmente ambiguas persiguiendo fines políticos. Según la ética del hacker definida por Pekka Himanen, el hacker no se mueve por dinero sino por el reconocimiento social".

Soberanía alimentaria

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  • El 31/01/2018

El siguiente artículo aparece en el Anexo del Plan Director de Innoación Social para el Empleo del programa Sevilla Ciudad con Inteligencia Social y Emocional del Ayuntamiento de Sevilla, al que se puede acceder a través del siguiente enlace (pincha aquí).

La soberanía alimentaria es la facultad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. Ello implica la protección del mercado doméstico contra los productos excedentarios que se venden más baratos en el mercado internacional, y contra la práctica del dumping (venta po debajo de los costes de producción).

Es un concepto que fue introducido con mayor relevancia en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Este nuevo concepto, constituye una ruptura con relación a la organización actual de los mercados agrícolas y financieros puestos en práctica por la OMC. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de los alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de proucción y población agraria locales.

La sociedad civil fue llamada a contribuir a la Cumbre Mundial de la Alimentación en un foro paralelo, el Foro Mundial por la Seguridad Alimentaria, durante el cual la Vía Campesina lanzó este principio de la Soberanía Alimentaria. El Plan de Acción del Foro de Roma de 1996- Alimentos para Todos, No Beneficios para unos Pocos- ya hizo hincapié en el papel crucial que la sociedad civil podía y debía jugar para implementar los compromisos de los gobiernos firmatarios de la declaración de la Cumbre Mundial de la Alimentación.

Posteriormente tres eventos mundiales reunieron a los movimienos sociales y la sociedad civil en su conjunto para avanzar en el concepto de Soberanía Alimentaria: agosto de 2001, el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria de la Habana; junio de 2002, el Foro de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria de Roma, paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación: cinco años después; febrero de 2007, Nyéléni 2007- Foro Internacional sobre Soberanía Alimentaria, Sélingué, Mali.

Los partidarios del concepto de soberanía alimentaria plantean un marco para la gobernanza de las políticas agrícolas y alimentarias que incorpora una amplia serie de temas, tales como la reforma agraria, el control del territorio, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud y otros relacionados con la capacidad de producir alimentos localmente.

Abarca políticas referidas no sólo a localizar el control de la producción y de los mercados, sino también a promover el Derecho a la alimentación, el acceso y el control de los pueblos a la tierra, agua y recursos genéticos, y la promoción de un uso ambiental sostenible de la producción.

En febrero de 2008 tuvo lugar el Foro por la Soberanía Alimentaria de Nyéléni (Kenia) organizado por La Vía Campesina y la Marcha Mundial de Mujeres. Su objetivo, en palabras de la activista y participante en el Foro Esther Vivas era: "llevar a cabo un debate estratégico sobre qué se entiende desde los movimientos sociales por soberanía alimentaria, qué propuestas concretas se reivindican y cómo llevarlas a cabo".

La Declaración de Nyéléni, Selingué, Mali 2007, estipula lo siguiente: 

- "La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo.

- Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y las empresas. Defiende los intereses de, e incluye, a las futuras generaciones.

-Nos ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, y para encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca para que pasen a estar gestionados por los productores locales. La soberanía alimentaria da prioridad a las economías locales y a los mercados locales y nacionales, y otorga el poder a los campesinos y a la agricultura familiar, la pesca artesanal y el pastoreo tradicional, y coloca la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base de la sostenibilidad medioambiental, social y económica.

-La soberanía alimentaria promueve el comercio transparente, que garantiza ingresos dignos para todos los pueblos, y los derechos de los consumidores para controlar su propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y a la gestiónde nuestra tierra, de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad, estén en manos de aquellos que producimos alimentos.

-La soberanía alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdad entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones".

 

En el Foro de Nyéléni se enfatizaron también los vínculos entre el movimiento por la soberanía alimentaria y el movimiento feminista, debido al papel central que juegan las mujeres en el mundo rural.

Esther Vivas señala que "las mujeres tuvieron un papel central como dinamizadoras y participantes en el evento. Un día antes del inicio del foro se celebró, en el mismo recinto, un encuentro promovido por la Marcha Mundial de Mujeres con dos objetivos concretos: aportaciones conjuntas al foro. Las mujeres reunidas reclamaron el mito de Nyéléni, una mujer campesina maliense que luchó por afirmarse como mujer en un entorno desfavorable. De hecho, el Foro por la Soberanía Alimentaria recibió el sobrenombre de Nyéléni en homenaje a esta leyenda".